El Evangelio de Luca que narra el nacimiento de Jesús, fue representado ya desde la antigüedad. El primer cuadro que representa la Natividad remonta al 4° siglo y encarna al Niño Jesús con su Madre María. Estas representaciones, halladas inicialmente en algún sarcófago, no habían sido aún muy difundidas.
La Noche de la Natividad se
representó con S. Francisco de Asís en el 1223 en Greccio. Para dar
la posibilidad a la gente de entender mejor el acontecimiento del
Nacimiento de Jesús, el celebró la Santa Misa frente a un pesebre de
madera, con al lado un buey y un burrito. El pesebre conquistó
enseguida la gente. Los Jesuitas y los Franciscanos lo hicieron
sucesivamente conocer a todo el mundo. El evento de Belén dio origen
a diferentes representaciones teatrales y artísticas. En las
Iglesias numerosos frescos, pinturas y altares representan la Noche
Santa.
El pesebre ejercitó sobre las personas una gran fascinación.
Jesús nació pobre, de padres muy humildes. La pobreza y la humildad que rodeaba el nacimiento del Hijo de Dios, lo hacían sentir más cercano a la gente, casi como si fuese uno de ellos. Las personas se podían identificar con cuanto acaecido en Belén. También el contraste entre los pobres pastores y los ricos Reyes Magos llegados de Oriente se anulaba frente al Niño Jesús. Todos están humildemente arrodillados a sus pies.
En nuestra Región, Alto Adige, las representaciones de la Navidad, encontradas en los viejos manuscritos, remontan a antigua fecha. Las pinturas de las capillas de Castel Tirolo, de Castel Appiano, y de la Via Crucis de Bressanone pertenecen al periodo gótico, así como también el reciente fresco de la adoración de los Reyes Magos en la Iglesia de San Giacomo en Val Gardena.
El más antigua pesebre en madera de Val Gardena fue esculpido en el laboratorio Vinazer, es en estilo barroco y representa la adoración de los Magos. Esta obra maestra del arte barroca fue realizada en el siglo XVIII, bajo el imperio de Maria Teresa de Austria y se encuentra hoy en el Museo de Ortisei.
En la época del iluminismo los pesebres estaban prohibidos en las Iglesias y conventos, si bien los fieles no renunciaban al amado pesebre, que encontró por lo tanto su colocación en las casas. Artesanos y campesinos se dedicaron a los pesebres, sobre todo en Val Gardena, donde durante los largos inviernos empezaron a cultivar el arte de la escultura en madera. Las figuras del pesebre, talladas en aquel entonces de manera tosca, encontraron gran aprobación y son hoy en día preciadas obras artísticas de gran valor cultural.
Las esculturas de Val Gardena se transformaron en maestros en el arte del tallado de la madera y el arte sagrado conoció de esta manera un periodo de gran desarrollo. Se fundaron en Ortisei muchos laboratorios artesanales; Ortisei tenía el monopolio en la elaboración de los pesebres, que se exportaban en todo el mundo.
El pesebre es hoy como entonces, el sujeto principal. Un pesebre de Val Gardena es un precioso objeto de familia, que debe transmitirse de hijos a nietos. Durante el periodo de Navidades el pesebre nos hace revivir el encanto de la noche de la Noche de Navidad. La familia se reúne frente al pesebre, los niños miran extasiados al Niño Jesús, María, Su Madre, San José, los pastores con su rebaño, los Reyes Magos, el Ángel, la Estrella y sus ojos brillan de felicidad.
El pesebre es un símbolo de Unión, Paz y Esperanza.